Código del oeste
Código del oeste Acababa de fregar los platos y demás utensilios y de asear la cocina, cuando el ruido de voces y el batir de cascos hizo que le latiera el corazón apresuradamente. ¿Estaría Cal de vuelta? Asomóse a la ventana y vio una fila de burros de carga, encabezados por Jinny, el cual traía sobre el lomo un baúl. Era suyo. Acto seguido se presentó ante su espantada vista su propia hermana Mary, cabalgando el potro bayo de Enoch, seguida a corta distancia por Tuck Merry y otro jinete.
Georgiana abandonó el observatorio bruscamente, sintiéndose libertada y acorralada al mismo tiempo. Quería precipitarse fuera y se dio cuenta de que sus miembros, paralizados por la emoción, no la obedecían.
—Pero no crean que van a conseguir mucho con traerme la ropa aquí —refunfuñó entre dientes—. Yo no lo he pedido. Y bien pronto le leeré el acta de insubordinación a la misma Mary.
¡Pasos en el porche!
—¡Eh, homesteaders! —llamó la sonora voz de Mary, gozosa, feliz, y que fue a herir profundamente el corazón de la hermana. ¿Cuándo había Mary hablado de ese modo? Georgiana abrió la puerta sin demora.