Código del oeste
Código del oeste Unos ratos al paso, y otros ratos al trote, la cabalgata recorría, cuesta abajo, los senderos de la montaña, pasando de los pinares a los bosques de cedros y enebros, para entrar más tarde en la región de los matorrales. Tardaron cerca de tres horas en alcanzar el punto de destino. Georgiana disfrutaba en grande con la excursión, y sólo se cansó al final. Su temor de encontrarse con otros viajeros no se vio confirmado. Al llegar a Green Valley, la chica tuvo que reírse de todo corazón al divisar al desgalichado Tuck Merry zancajeando a lo largo del camino, más alto y flaco que nunca, saliendo con cara de pascuas al encuentro de los visitantes y evidenciando, al ver a Ollie Thurman, tan gran placer como inequívoco sentimiento de pertenencia.
—Tuck, éste es mal día para mostrarse excesivamente dulce con las damas —observó Henry con maliciosa risita.
Fue él quien levantó a Georgiana del caballo, y no omitió el hacerlo con paternal cuidado. El porche rebosaba de gente, en su mayoría vaqueros de elevada talla, rostro cuidadosamente afeitado y trajeados de azul. Georgiana no conocía a casi ninguno de ellos, y distinguiendo a Mary entre el numeroso concurso, se precipitó en sus brazos.