Código del oeste
Código del oeste Georgiana estaba en sus glorias. Hallaba agradable el frío aire nocturno. Sentía tal excitación, que no notaba la menor fatiga. Pero ahora que podía dejar que el caballo escogiera el camino que quisiera, se le ocurrió que tenía oportunidad para pensar concertadamente. La fascinaba la forzada naturaleza de los pensamientos a que tenía que entregarse. La noche era hermosa; la excursión, magnífica, y la salvaje y solitaria selva, pródiga en atractivos. ¿Por qué tenía que pensar, y en qué?
Le vino a la mente la idea de que su martirio había llegado a su término con el casamiento de Mary. Ya podía abandonar el domicilio de Cal Thurman y campar por sus respetos. En lo sucesivo, nada de lo que ella hiciera comprometería el futuro de su hermana. Enoch no podría imponer condiciones de ninguna clase; estaba casado, y, según la joven, para un simple pionero (por más honrado y espléndido que fuera) el haber logrado por mujer a Mary Stockwell era una buena suerte, de todo punto extraordinaria.