Código del oeste
Código del oeste —No, Cal. Antes bien, me alegro mucho —fue la rápida contestación.
—¿Por qué?
—Por dos razones. Ahora, que la he visto con mis propios ojos, celebro infinito el haber sido testigo de la felicidad de Mary… No quisiera haber dejado de ir por nada del mundo, y menos, por ningún temor, real o imaginario.
—¡Ajú!, —hizo él como si comprendiera perfectamente.
—La otra razón es que estaba equivocada —continuó ella—. Fuera lo que fuese lo que yo… temÃa, existÃa sólo en mi fantasÃa. Y lo olvidé. Pasé un rato delicioso. Tanto más cuanto que todos estuvieron muy amables y bondadosos conmigo.