Código del oeste
Código del oeste —¡Oh, magnÃfico! —exclamó Cal—. Yo, por mi parte, sufrà lo indecible. —Despojóse del sombrero para que el viento le refrescara la calenturienta frente, 1 añadió, con la cara pálida y sombrÃa Fue peor de lo que esperaba. Mi familia… todos… hombres y mujeres… y los muchachos… hasta Tim Matthews… acercándoseme, para hablarme elogiosamente de ti… presentándome sus excusas por lo que hubieran podido decir antes en tu contra… Tú no habÃas sido más que una niña privada del calor de su madre… Ahora todo marchaba bien y yo merecÃa una esposa tan encantadora… Y me colmaban de felicitaciones por mi buena fortuna, alegrándose de mi dicha… ¡Dios mÃo!
—Tuvo que ser un infierno —admitió la chica, con simpatÃa—. Lamento que por mi causa haya tenido que soportarlo.
—Bueno, no sentirÃa el haber ido —replicó Cal en seguida—, si todo hubiera concluido ya y no me quedara nada más que oÃr. Pero lo que me mata es la idea de la vez próxima, cuando…
La voz se le quebró hoscamente. Georgiana entendió muy bien que querÃa decir «cuando ella revelara el secreto de su matrimonio y le abandonara, haciéndole vÃctima del escarnio y el ridÃculo más espantosos».