Código del oeste
Código del oeste ¿Qué era lo que había hecho? ¡De nuevo cobarde, embustera y falsa! «Por no perjudicar a Cal ni a Mary» había consentido en permanecer allí otra temporada… ¡Mentira!… Acaso esa consideración hubiera influido en su ánimo un poco…, muy poco…, pues el verdadero motivo era bien diferente: ¡se quedaba, principalmente, en provecho propio! ¡Qué vergüenza! ¿Había hecho semejante promesa impulsada por la generosidad? ¡Quiá! Se había agarrado a lo primero que tuvo a mano para lograr una justificación a su estancia allí, mientras maduraba la mejor ejecución de su intento. Mas… ¿no se estaría calumniando a sí misma? Había obrado sin reflexionar. Tal era la escueta verdad. Se dejó llevar del primer impulso, sin cálculo, sin prevención alguna. Cal se le había presentado aquella noche bajo un nuevo y extraño aspecto. ¿Le conocería su gente mejor que ella?
Pero en medio de ese conflicto de ideas y emociones, experimentó una gran sensación de alivio. En resumen: no tenía que huir en seguida. Disponía de todo el tiempo que quisiera. No necesitaba lanzarse a las terribles eventualidades de un futuro incierto, ni mañana ni en fecha inaplazable.