Código del oeste
Código del oeste ¡Primavera! El invierno había pasado, tras el fugaz febrero; la nieve no blanqueaba ya los contornos de la Ceja, y las manadas de pavos silvestres emitían por todas partes sus característicos gorgoteos, vagando a placer por entre los matorrales. El sol brillaba, cálido y espléndido. El rojo suelo de la «mesa» de Rock Spring había empezado a enjugarse. La mitad del campo elegido por Cal Thurman se veía limpio de tocones y piedras, y pronto estaría listo para darle las primeras labores. La otra mitad iba gradualmente limpiándose también, gracias a los enérgicos esfuerzos del activo muchacho.
Georgiana continuaba aún en el homestead, del cual no se había alejado ni una vez siquiera. Mary y Enoch, al regreso del viaje de novios, cuyo término había sido Phoenix, le habían hecho una visita. Un montón de revistas y un estante de libros habían enriquecido el ajuar de la joven. Ésta seguía trabajando tanto como en las primeras semanas de su llegada a la cabaña, pero con menos rigor. Actualmente pasaba más tiempo al aire libre.