Código del oeste

Código del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Todo había cambiado en realidad: su estado de salud (ahora inmejorable), su ser físico, su espíritu, su actitud respecto a la vida… Sin embargo, nada parecía diferente, porque Cal había cumplido fielmente su juramento. No había exigido absolutamente nada de ella. La dejaba sola, excepto en los contados momentos que por necesidad tenían que reunirse para ejecutar juntos algún trabajo o para comer. La muchacha, en su aislamiento, en su creciente ansiedad, pues no sabía concretamente qué, pensaba que podría perdonarlo si él se mostrara un poco como el antiguo Cal, el de los buenos tiempos. Pero parecía otra persona; había dejado de ser un mozuelo para convertirse en hombre hecho y derecho, bondadoso, serio, preocupado, pero jamás adusto y siempre agradecido por su presencia y ayuda. Nunca, ni de palabra ni de obra, traspasaba los límites de lo que consideraba el lugar que le correspondía. A Georgiana la molestaba tanta moderación y humildad. ¿Acaso no la había raptado tan brutalmente como los súbditos de Rómulo a las mujeres cabinas? ¿No empleó, como contundente recurso para poner fin a la resistencia de ella (que lo mordía y arañaba como una gata montés) y para interrumpir sus gritos, la fuerza en su forma más repulsiva, dejándola desmayada de un tremendo golpe? Eso siempre la irritaba. No obstante, el tiempo había suavizado, en su concepto, lo vergonzoso de la acción, si no su acerbo recuerdo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker