Código del oeste
Código del oeste La muchacha no podía juzgar, dado el estado de la cara de Cal, qué efecto le produjo tal confesión; pero la lenta inclinación de la cabeza de él, hasta hacerla descansar en el borde del respaldo de la mecedora, era claro indicio de que se sentía profundamente humillado. Ella le miraba con fijeza, consternada y afligida. Un violento choque interior la sacudió. Nunca, hasta aquel instante, había presumido las azarosas consecuencias que podrían derivarse de sus imprudentes flirteos con los muchachos. Sintió su integridad, su honor, puesto en duda por el abatimiento de Cal.