Código del oeste
Código del oeste Así, como consecuencia de tan serias reflexiones, formóse en Georgiana el núcleo de la rebeldía contra sus ideas y procedimientos anteriores. No era sensible que Cal tuviera suficiente fuerza de carácter para pelear por ella. El mundo sería mejor si todos los hombres estuvieran dispuestos a pelear por sus mujeres, aun cuando sólo se tratara de defender y asegurar la posesión. Lo único lamentable era que ella y las de su clase no lo merecían. Georgiana se daba cuenta ahora de la benéfica influencia que su hermana había ejercido entre aquellos jóvenes del Tonto. Ella, por su parte, había actuado en sentido opuesto. Convencida y arrepentida, comprendió que no descansaría, que no tendría paz hasta que no remediara el mal causado. Lo que le sobreviniera no le importaba. ¿Acaso le importó el daño producido por su depravada personalidad en Cal o en Bid Hatfield? En adelante, no podría ser traidora. No podía abandonar el Tonto. Estaba encadenada allí por su conciencia, por su anhelo de reparación… y por algo más, que trajo a sus mejillas una oleada de fuego.