Código del oeste
Código del oeste Su plan estaba bien madurado, y sólo aguardaba la ejecución. Escribió una esquela dirigida a Tuck Merry, pidiéndole que fuera a encontrase con ella, a la mañana siguiente, en la bifurcación de las sendas del Tonto y la serranía de Mezcal; e, incluyendo una carta para Mary, fue al rancho de Gard Thurman para confiar las dos misivas a alguno de los vaqueros que aquella noche irían, como de costumbre, a Green Valley.
Los postreros días de marzo hacían bueno el refrán de los viejos campesinos, según el cual, ese mes empezaba con la furia de un león y terminaba con la mansedumbre de un cordero. Georgiana regresaba al homestead con la imaginación más sosegada, disfrutando del placer de la equitación, entreteniéndose en admirar el paisaje y complaciéndose en la salvaje belleza de cuanto la rodeaba. Se alegraba de que hubiera vuelto el buen tiempo, de días apacibles, bien asoleados, y pensaba, con gusto, en que ya no tendría que marcharse del Tonto.
Al día siguiente quiso Cal reanudar sus habituales faenas. Wess se había hecho cargo, durante la indisposición de su primo, de cuidar el ganado, y los días en que no podía venir, mandaba a su hermano menor. Al principio, Cal halló que el trabajo le resultaba incómodo, a causa del estado en que aún tenía las manos.