Código del oeste
Código del oeste —Halagado y orgulloso —respondió—. Pero no pierda tiempo en preámbulos. Me tiene por completo a su disposición. Hable sin rodeos. Supongo que será algún disgusto con Cal. Y lamento la causa.
—¿Se han enterado ustedes, en Green Valley, de la pelea de Cal con Hatfield?
—Ayer, por noticias llegadas de Ryson, que supimos eran propaladas por los del rancho Bar XX. Yo tenÃa el propósito de ir hoy a ver a Cal.
Entonces Georgiana, con lenguaje vivaz y patético, le refirió detalladamente el terrible suceso y sus dolorosas consecuencias. ¡Con cuánta curiosidad y atención observaba la reacción que se operaba en su oyente! Con asombro advirtió que, al principio, se hubiera dicho que demostraba alegrÃa.
—Algo de eso oÃmos —manifestó Tuck—. Según Tom Hall, Cal tenÃa ventaja mientras Hatfield peleó como un hombre; pero este canalla le atropelló después como un bruto, valiéndole de mañas cochinas, despachándose a su gusto.
Pronto, el primitivo vislumbre de alegrÃa desapareció de la cara de Tuck, quien se puso serio y ceñudo al preguntar:
—¿Qué desea usted de m�
—Que me acompañe al Bar XX.
—¡Por el amor de Dios, Georgie! ¿Para qué?