Código del oeste
Código del oeste Antes de que lograra serenarse la muchacha, ni tuviera tiempo de pronunciar la primera palabra, Saunders y todos sus hombres se dieron vuelta rápidamente para mirar en dirección al camino. Una espesa nube de polvo se aproximaba velozmente. Georgiana oyó el furioso galope de muchos caballos. Casi en el acto pudo distinguir a los jinetes, que corrÃan como desesperados.
—¡Mil demonios! —exclamó Saunders—. ¿Quién viene a estas horas de ese modo?
—Jefe, son unos cuantos del equipo de Green Valley —aseguró un mozo.
—Los Thurman. ¡Hum! Bueno; todos ustedes, a estarse quietos —ordenó el patrón.