Código del oeste
Código del oeste —Alguien telefoneó a casa para que viniéramos acá a escape —continuó diciendo Enoch—. TenÃamos ya pensado venir, de todos modos; pero esa llamada perentoria nos hizo hacerlo a revientacinchas.
—Ya lo veo —repuso Saunders señalando los sudorosos caballos—. ¡Y que me lleve el diablo si no me alegro de que esté usted aquà en este momento!
—¡Ajú! ¿Qué pasa? —inquirió Enoch vivamente, desviando la vista para mirar a la gente de Saunders y luego a Tuck Merry y Georgiana.
—Parece que pasan muchas cosas… La esposa de Cal está aquÃ, como usted ve, y le aseguro que sabe hablar como ella sola. Ha venido para que Bid Hatfield pruebe lo que anda jactándose por ahÃ, o hacerle comerse sus calumnias.
Tuck Merry le oprimió significativamente la mano a Georgiana, diciéndole en voz baja, con acento feroz:
—¡Arriba!… ¡Duro con él!
Entonces ella levantó la enguantada diestra y apuntando con el Ãndice al lÃvido vaquero, dijo en voz bien alta y despectiva: