Código del oeste
Código del oeste Cal se dejó caer sobre un banco, como si de repente le hubieran flaqueado las piernas.
—¿Has ido a Bar XX? —exclamó, consternado.
—SÃ, mi querido muchacho, y puedes estar tranquilo, porque ya no habrá ninguna necesidad de que te vuelvas a presentar por allá.
—¿Qué has hecho? —demandó él, poniéndose en pie con mezcla de enojo y extrañeza.