Código del oeste
Código del oeste —Fue en la marina. A cada momento andábamos a trompadas, y cada vez que le asestaba un porrazo a un tipo, tenÃan que «recogerlo» para llevárselo a dormir. Por eso me pusieron Tuck.
—¡Vamos, pues sà que es gracioso! —exclamó Cal con sincera admiración. Nada hubiera podido despertar mejor su amistad hacia el exmarinero—. Tendrá usted mucha fuerza y un puñetazo formidable.
—SÃ: algo hay de eso. Es condición natural en mà —respondió Merry, con sencillez—. También tengo un par de puños no mal del todo. MÃrelos.
Cerró sus enormes manos y le mostró a Cal dos puños de un tamaño casi increÃble.
—¡Zapateta! —profirió el mozo brillándole los ojos. Por su cerebro cruzó una idea como un relámpago, y le gustó. Poco a poco fue tomando cuerpo, hasta que le dominó por completo. Entonces añadió:
—Oiga, Tuck; usted dijo que buscaba trabajo, ¿no es eso?
—Sà que lo dije —contestó Merry con interés.
—¿Está usted bien? Quiero decir, ¿está usted fuerte?, —dÃjole Cal, dubitativo.