Código del oeste
Código del oeste En esto salió Hatfield de la tienda, descubierto, sombrero en mano, y radiante la hermosa y atrevida faz.
—Señorita, entiendo que es usted la señorita a quien busco —dijo con soltura, acercándose.
—Yo soy la señorita Georgiana May Stockwell —contestó ella mirándole fijamente y examinándole desde la encendida cara hasta las relucientes botas armadas de espuelas.
Cal Thurman se quedó pasmado. Dejóse caer contra el respaldo del asiento del auto, murmurando:
—¡Cielo santo! Ahora entiendo a la maestra. En buena me he metido. Esa… esa muchacha es su hermana… a la cual he venido a recibir.
Sobresaltado hasta perder la serenidad, compelido a enfrentarse con una exigencia bastante distinta de la que había temido, comenzando a experimentar la emoción y la inquietud de una naciente y extraña alegría, Cal no acertaba a hacer otra cosa que estarse allí sentado, mirar y escuchar.