El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¡Bravo! —exclamó Neale—, y ahora… respecto a Allie…
—¿Qué?
—¿La dejo aquà o la envÃo a Omaha con la primera caravana, o a Fort Fetterman con las tropas?
—Amigo, usted es su guardián, pero… yo dirÃa que se quedase aquÃ, especialmente ahora que usted estará con nosotros. Si la manda a otra parte, acabará perdiendo la razón o la vida. Ni siquiera quiere decir si tiene familia, aunque yo opino que no. Mejor estará aquÃ. Yo le he cobrado afecto… Es… extraña, es… como un espÃritu…, si bien ahora se va humanizando.
—Me alegro mucho de que piense usted asÃ, Slingerland, porque su porvenir me preocupaba y de este modo puede resolverse sobre la marcha. La dejaré aquà con usted y ¡ojalá sea lo que más le convenga!
—En todo caso, no está en condiciones ahora de realizar un viaje largo y eso… no lo habÃamos tenido presente.
—Razón de más —repuso Neale con descargo—. Cuando se haya restablecido, tiempo tendremos para decidir… Cuénteme usted de ella.
—No hay nada que contar, muchacho. Excepto el haberle dado por atisbar su llegada, es la misma de siempre, aunque… ya dice bastante.
—¿El qué?