El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —No me entiende usted. Escuche: usted es un hombre apuesto y bien parecido; más aún… tiene alguna cualidad… alguna cualidad que yo llamarÃa india… y no se ofenda por ello, porque conozco a indios que dejan chiquitos, en cuanto a nobleza, a muchos blancos… En todo caso… es usted atractivo. Y si se vale de ello… de usted mismo, para hacerle olvidar a Allie el asesinato de cuantos amaba… tarde o temprano volverá a respirar y a vivir gracias a usted… como una flor vive gracias al sol. Eso es todo.
El bronceado semblante de Neale habÃa palidecido.
—Si eso es todo… será fácil —replicó sonriendo—. Si eso es todo… puede contar conmigo. Yo no tengo lazo alguno, Slingerland. Cuando murió mi madre, se rompió el último… Estoy solo… HarÃa eso por cualquier criatura… cuanto más por Allie… a quien salvé la vida.
Slingerland le tendió una callosa mano, procurando expresar con su apretón lo que no podÃa expresar con palabras.