El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Su primera intentona le proporciono una magnífica trucha que dio al traste con sus pretensiones de indiferencia. Neale sentía pasión por la pesca, sin haber tenido desde que estaba en el Oeste ocasión de ejercitarla. Olvido a Allie, olvido su proyecto de averiguar si sería sensible a un poco de descuido… El arroyo estaba lleno de truchas, voraces y mansas. Era la primera vez que entre ellas caía un anzuelo. En pocos momentos cogió tres.
Cuando su postrer gusano, particularmente rollizo y apetitoso, cayó al agua, le siguió un remolino, un chapoteo y un tirón. Neale comprendió que había atrapado un veterano de las aguas. El salvaje brinco, el frenético aletea y, sobre todo, el tamaño del pez, excitaron el pueril anhelo de capturarlo a toda costa, y olvidándose de cuanto arte poseyera, dio un violento estironazo.
La «caña» se combo y por un instante el pez salió a la superficie, refulgente y lleno de combatividad. Le pareció a Neale oír a sus espaldas un grito. Estaba en una postura difícil y violenta, pero siguió tirando. El sedal se partió, cayendo el pez sobre el césped, debatiéndose. Se abalanzo a retenerle, ansioso por no perder la trucha más grande que había visto en su vida. Ante sus ojos paso una ráfaga oscura…, luego una conmoción… y se quedo mirando boquiabierto a Allie con la escurridiza trucha cogida por las agallas.