El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Allie, es mi amigo y compañero —replicó Neale—. Larry King. Pero yo le llamo Red (rojo)… por razones obvias.
—Y añado, miss Allie, que no se ofenderÃa nadie si usted también me llamase Red —rezongó Larry—. O mejor aún Reddy… Será la primera mujer que tiene ese honor.
Allie le miró fijamente, como si no le hubiese visto nunca, pero no contestó. Y Larry, fácilmente desconcertado, recogió su carga y marchó hacia el campamento.
—Buena suerte —dijo significativamente al alejarse.
Neale miró de soslayo a Allie por ver si se habÃa dado cuenta del bienintencionado doble sentido del cowboy, mas al parecer no le habÃa oÃdo. Su aspecto era de cansancio. TenÃa los labios entreabiertos y respiraba entrecortadamente.
—¿Está usted fatigada? ¿Quiere que volvamos? —preguntó.
—No…, me gusta… —contestó lentamente.
Siguieron paseando hasta llegar a un lugar amplio y despejado, de cauce rocoso y liso por el que atravesaba el sendero formando vado. Neale pasó delante, solo. A su juicio, el agua, en su parte honda, no pasarÃa de las rodillas de Allie.
—¡Venga! —gritó.