El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Y ella reanudo la marcha. A cada repetición del caso pareció compelida a proseguir. Al llegar a los rápidos y cubrir el agua sus rodillas habrÃa sido natural la vacilación, pero no vacilo. Neale se dio repentina cuenta de que flaqueaba, le faltaban las fuerzas para concluir la jornada. Eso era lo que la hacÃa titubear y detenerse. Pero entonces, ¿qué la movÃa a intentarlo tan denodadamente? En tales condiciones era extraño que lo intentase siquiera. Y más extraño aún su peculiar actitud, su insólito modo de afrontar la tarea… resuelto, grave, forzoso.
Asaltó a Neale súbita sensación de remordimiento y de sorpresa. Lo que actuaba sobre Allie era exclusivamente el sonido de su voz… la respuesta a su demanda. Se precipito a su encuentro, logrando antecogerla cuando ya iba a desplomarse, y la llevo al punto de partida. Tuvo que reprimirse para no estrecharla entre sus brazos. Fuera lo que fuese… huérfana o expósita, sola en el mundo por obra de las criminales manos de una banda de sioux asesinos, infortunada criatura entregada a la compasión ajena… eran consideraciones que en manera alguna podÃan justificar el cambio que por su ascendiente sobre ella habÃa experimentado.
—Aún no está usted fuerte —dijo al dejarla en tierra.