El Caballo de hierro

El Caballo de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Bah…! Eso son pamplinas —dijo—. ¿Qué mal pueden hacer unas cuantas mujerzuelas? Supongamos, lo que no es probable, que las haya en abundancia. ¿Cómo saldrían de los campamentos?

—Slingerland… en los trenes. Los trenes seguirán el tendido de la línea.

—¡Oh! Y usted pretende que nacerán ciudades en una noche, ya pobladas de gente maleante que no trabajará por el ferrocarril, sino simplemente atraída por el olor de su dinero.

—Exacto. Y… escuche: teniendo todo eso presente… los millares de hombres… el oro… las mujeres… aquí… en un país salvaje… sin leyes… sin corrección… sin más temor que el de la muerte… y… garitos… y tabernas… y lupanares, ¿qué ocurriría?

El trampero medito unos instantes pasándose la mano por la barba y dijo:

—En todo caso, no hay dinero bastante para construir ese ferrocarril… y si no lo hubiera, sería imposible construirlo.

—¡Ah! —exclamó Neale—. Es ante todo cuestión de oro. De ríos de oro. Entonces… ¡podrá hacerse!

Cierto día, cuando se acercaba ya el fijado para la partida de Neale, la plácida quietud del valle de Slingerland se vio perturbada por la llegada de cuatro hombres de tosca apariencia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker