El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¿Crees necesario preguntarlo? ¡Toda mi vida…! Te lo juro…
—Bésame… —murmuró inclinándose—. Es… infernal… tener que dejarte… mi tesoro… mi bien… Allie… otro beso… basta…
Le estrecho con firmes y apasionados brazos, besándole repetidamente.
—¡Adiós!
Su postrera palabra fue angustiosa, con trágico dejo de su antigua amargura.
Neale se encontró solo. Montando torpemente, con los ojos arrasados de lágrimas, siguió el camino en pos de su camarada.