El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Déjalos que se arreglen —replicó—. Tenemos algo, de más enjundia… Además, acabarán a tiros y entonces será todo nuestro. Ven y… déjales campo para pelearse. Se llevó a Allie y a su caballo a cierta distancia.
—Trae esos hatos, Frank —dijo.
El mustang le siguió y Frank compareció con uno de los hatos. Fresno desenjaezó su caballo y, dejando la silla bajo un árbol, sacó armas de sus fundas, poniéndose el revólver en el cinto y apoyando el rifle contra una rama baja.
—Sandy pondrá de patas arriba a Old Miles antes de un minuto —observó tranquilamente.
—¿De qué se trata? —pregunto Fresno con curiosidad.
—Oro, Frank…, oro —aclaro Fresno, explicando en breves palabras a su camarada la historia del oculto tesoro de Horn, aunque sin mencionar la condición impuesta por la muchacha para revelar su escondrijo. Era evidente que confiaba en su habilidad para hacerla hablar.
—¡Vamos y… más que aprisa! —gritó Frank, iluminado el cetrino rostro—. Asà podremos abandonar de una vez estos malditos parajes.
—¡Que lo digas…! A ver si damos con esos campamentos ferroviarios de que tanto se habla… llenos de oro y de whisky y… de mujeres.