El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¿Cómo puedes suponer tal cosa, madre?… Sabes que te adoro —exclamó Allie estrechando entre sus brazos la temblorosa figura. Siguió un silencio, durante el que mistress Durade se rehÃzo.
—Allie…, antes de que tú vinieses al mundo me escape con Durade —comenzó la madre apresuradamente, como si quisiera descargarse cuanto antes de su secreto—. Durade no es tu padre… Tu apellido es Lee… Tu padre es Allison Lee… Según he oÃdo decir, es hoy dÃa hombre acaudalado… ¡Oh!… Mi anhelo era volver al Este para confiarte a él…, para implorar su perdón… Nos casamos en Nueva Orleáns en 1847… Mi padre me obligó a ello.
Yo no amaba ni ame jamás a Allison Lee… No era afectuoso…, no era la clase de hombre que yo admiraba… Luego conocà a Durade…, un español…, un aventurero de sangre azul… Me escape con él…, nos unimos a los buscadores de oro de California… Tú naciste allÃ, en 1850… La vida fue muy dura… para mÃ… Más aun asÃ, te eduque…, te enseñe cuanto yo sabÃa…, hice todo lo que en mi mano estuvo…, sin revelar el secreto… Pero últimamente no pude más y… abandonando a Durade… huÃ.
—¡Oh madre! Me figuraba que Ãbamos huyendo de él —exclamó Allie—, y… sé que vendrá en nuestro seguimiento.