El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Allie se perdió en recuerdos del pasado, rememorando la corriente de humanidad que pasaba por las salas de juego de Durade. Sin duda se dirigía a buscar a su madre y aprovecharse de la construcción del ferrocarril. Pero… lo primero no lo conseguiría y Allie se alegraba.
Por fin se quedo dormida. Durmió largo tiempo de un tirón, despertando luego y volviéndose a dormir con intermitencias. La caravana hizo alto. Allie oyó los familia res apóstrofes a los bueyes. Pronto fue todo conmoción a su alrededor, despertándola completamente.
Esperaba de un momento a otro verse enfrentada con Durade. ¿Qué le diría? ¿Hasta qué punto debería revelarle la verdad? ¡Ni una palabra acerca de su madre! Sabiéndola muerta, su respeto por ella sería mucho menor. Durade había temido siempre a la madre de Allie.
Las mujeres con quienes había ido en la carreta la ayudaron a bajar, y viendo que su debilidad no le permitía sostenerse en pie, improvisaron una yacija en el suelo. El lugar elegido para campamento era, al parecer, igual a cualquier otro de la monótona llanura, pero evidentemente debía de tener una aguada o manantial cerca. Allie vio que sus compañeras eran las únicas mujeres de la caravana; criaturas vulgares, bruscas, amables, acostumbradas a trabajos rudos pero honrados; esposas probable mente de los que escoltaban la expedición.