El Caballo de hierro
El Caballo de hierro No podÃan disimular la curiosidad y la sorpresa que les inspiraba Allie. Ella les oÃa bisbisear en cuanto se juntaban dos o tres.
Poco después vio a Durade que se acercaba. ¡Qué bien le recordaba! Empero, el lapso y el cambio entre su infancia y el momento presente parecÃan incalculables. Interpeló a las mujeres, señalando en su dirección. Su actitud y sus ademanes eran los de un hombre educado, un caballero, y, sin embargo, no podÃa ocultar ser lo que su madre habÃa dicho…, un aventurero, un hombre vÃctima de sus bajas pasiones.
Se acerco, arrodillándose junto a Allie.
—¿Cómo estás? —preguntó. Su voz era afable y cortés, muy distinta de la de los otros.
—No puedo tenerme en pie —dijo Allie.
—¿Alguna herida?
—No…, sencillamente agotada.
—¿Escapaste de los indios?
—SÃ…, de una tribu sioux. QuerÃan tenerme cautiva, pero una joven squaw… me libertó…, me enseño el camino para huir.
Como si le costase un esfuerzo hablar, él se llevó las manos a la garganta.
—¿Y tu madre? —preguntó con voz ronca. Su rostro habÃa palidecido intensamente.
Allie le miro cara a cara con sorpresa, dolor y recelo en las pupilas.