El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¡Mi madre! ¡Hace cerca de dos años que no la he visto!
—¡Gran Dios! ¿Qué ha ocurrido? ¿La has perdido?
¿Os separasteis? ¿Indios? ¿Bandidos?… ¡Dime!
—No tengo… más… que decir —murmuró Allie.
El dolor de Durade reavivaba el suyo. Le compadecÃa.
Estaba cambiado…, envejecido… En sus facciones habÃa surcos nuevos para ella.
—Pasé un año en Ogden buscándola —prosiguió él—. Dime… más…
—¡No! —gritó ella.
—Luego… ¿lo sabes? —preguntó en voz muy baja.
—SÃ, sé que no soy tu hija… y que mi madre huyó para escapar de ti —replicó amargamente ella.
—Pero… yo te eduqué…, yo te cuidé —protestó agitadamente Durade—. Siempre pensé que eras mi propia hija…, siempre fui bueno para ti… En la hija seguà amando a la madre.
—SÃ, es cierto…, pero eras malvado…
—Si no quieres decÃrmelo, es que aún vive —replicó vivamente—. ¡No ha muerto!… La encontraré y… la obligaré a volver a mi lado… o la mataré… ¡Abandonarme!… ¡Después de tantos años!