El Caballo de hierro
El Caballo de hierro ParecÃa agitado por emociones diversas. El sujeto era altivo y fuerte; pero su derrota en la vida, en la suprema pasión de la vida, se retrataba en su semblante.
—¿Dónde habéis vivido todo este tiempo?
—En los cerros, con un trampero.
—Has crecido. Cuando te vi creÃa que eras el espÃritu de tu madre. Eres exactamente como era ella cuando nos conocimos.
ParecÃa perdido en tristes pensamientos retrospectivos. Allie atisbó hebras de plata entre el cabello negro como la endrina.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó.
Él se sobresaltó, abandonándole su compostura. Su semblante y sus pupilas parecÃan encenderse y súbitamente fue Durade el tahúr, inflamado por la pasión del oro y de la vida.
—Tu madre me abandono por ti —dijo con terrible acerbidad—. Y la suerte te ha traÃdo a mis manos. Te retendré y me servirás para mi desquite con ella.
Allie sintió el temor que desde su infancia habÃa experimentado al desobedecerle.
—Pero… ¡no podrás retenerme contra mi voluntad!…
¡Al menos entre la gente que hallaremos en el Este!