El Caballo de hierro
El Caballo de hierro A poco se dio cuenta de que Durade se habÃa retirado. Experimentaba una sensación parecida a la de una criatura abandonada por un ponzoñoso áspid después de haberla fascinado. No podÃa hacer sino esperar. Triste y melancólicamente se resigno a la idea de estar bajo el dominio de Durade hasta que otra fuerza más potente viniese a libertarla. Neale pareció retroceder al pasado, salir del campo de su conocimiento. Y, sin embargo, el sonido de su voz, la vista de su rostro, exaltarÃan inmediatamente su espÃritu, que era el de él, haciéndola rugir como una leona en defensa propia. Pero… ¿dónde es taba Neale? Los hábitos de toda una vida eran muy potentes y todos los de Allie se habÃan formado bajo la magnética mirada de Durade. Neale se esfumó. Y con él, gran parte de su espÃritu, de su valor y de su esperanza. Sólo quedó el amor, desesperanzado pero inextinguible.
La resignación de Allie trajo aparejada su vuelta a la normalidad fÃsica. Se alimentó y recobró las perdidas fuerzas; pudo dormir y se sintió más descansada.