El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Oscureció; la hoguera se fue apagando; las voces de Durade y de sus hombres, así como las de quienes habían acudido a visitarlos, siguieron sin interrupción.
Luego, empezó a alzarse un extraño murmullo, diferente de cuantos sonidos Allie conocía y que fue aumentando, acrecentándose, hasta convertirse en un lejano fragor. Despertó la curiosidad de la joven; asomando la cabeza por entre las lonas de la carreta, vio en la oscuridad una larga hilera de amarillentas luces…, antorchas, linternas o fogatas, ante las que cruzaban y volvían a cruzar sombras aisladas o a pares o en grupos. De aquella dirección procedía el extraño sonido. Súbitamente comprendió. Era la vida del campamento; centenares, millares de hombres se reunían… y, al avanzar la noche, el estruendo tuvo alternativas de acrecentamiento y de disminución, cesando a ratos para volver a empezar…, triste, odioso, pintoresco, raro. En mucho tiempo, Allie no pudo conciliar el sueño.