El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —No necesitaréis adquirir sino rifles y municiones —dijo Slingerland—. Yo tengo caballos y equipo en mi campamento. Ahora cazamos al Este. Andando. Haremos las necesarias compras. El tren vuelve a marchar pronto.
—Bueno; en ese tren llegue y… ahora me voy con él —rezongó Larry—. Tiene muchÃsima gracia, y… sin haber visto siquiera el tan afamado Benton.
Camino ya del Este, Slingerland pregunto a Neale y a Larry si habÃan vuelto a la escena de la degollina, donde estaba enterrado el oro de Horn.
Neale lo habÃa olvidado por completo. Posiblemente, cuando Larry y él recorrÃan los cerros y los valles buscando a Allie debieron de pasar por el punto donde ocurrió el evento. Slingerland dio razón parecida por su propio olvido. Hablando del oro, convinieron ir a buscarlo cuando el ferrocarril llegase a las lomas.
Antes de entrar en el siguiente campamento advirtieron ya, desde el tren, indios y búfalos.
—No me gusta —declaro Slingerland—. Yo estaba en amistosas relaciones con los sioux, pero ahora que me saben por aquà diezmando sus búfalos para el blanco, se han puesto en contra mÃa. Y me lo explico. Yo mismo consideraba el búfalo como propiedad india y si no fuese porque sé que este ferrocarril acabará con los unos y con los otros, no habrÃa aceptado nunca. Eso puedo jurarlo.