El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Larry se adelantaba. Había consumido todas sus municiones y con brida y acicate espoleaba a mayor celeridad a su caballo.
De pronto, Neale oyó el inconfundible impacto de un proyectil haciendo blanco. Su montura dio un brinco, re linchando de terror, y el joven creyó que se desplomaría. Pero pudo rehacerse y continuo galopando, rápida aún y esforzada, aunque con tranco desigual. Larry empezó a gritar, vuelto el encendido rostro sobre el hombro. Vio que al caballo de Neale le ocurría algo anormal y refreno el suyo.
—¡Salva tu propio pellejo! —gritó ferozmente Neale. Le enfurecía ver al cowboy detenerse para esperarle. Pero… no podía evitarlo.
—¡Está herido! —replico Larry.
—¡Ya lo sé! Pero no es grave. No te acerques.
El cowboy no varió ni una línea de dirección, observando al caballo de Neale con fijas y sagaces pupilas.
—¡Está desfalleciendo! ¡No podrá resistir!