El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Larry puso la mano sobre el hombro de su amigo. Tales demostraciones eran raras en el cowboy.
—Camarada, ¿te parece que veamos qué es Benton y luego… borrón y cuenta nueva y a trabajar?
—No; no podrÃa conservar un empleo —replicó Neale.
—¿Te das por vencido? Estás hecho polvo, como le dijiste a Slingerland. ¿Ya no hay nada que valga la nena? ¿La vida ha concluido para ti en cuanto suponga alegrÃa y felicidad? ¿Ésa va a ser tu tesitura en lo sucesivo?
—Ésa ha de ser, Larry —dijo Neale despreciándose a sà mismo al decirlo—. Pero… no hay razón para que te incluya a ti.
—Lo siento —interrumpió el cowboy pasando por alto sus últimas palabras—. Siempre creà que sabrÃas sobreponerte a la pérdida de Allie… TenÃas otras muchas razones para vivir.
—¡Ojalá hubiese recibido yo la bala que acabó con Shane, Red…! No me mires asÃ. Hablo sinceramente. Cuando los sioux nos hostigaron hoy, se me pusieron los pelos de punta y el corazón me subió a los labios. CorrÃ, para salvar mi vida… como si la tuviera en gran aprecio; pero… fue por miserable cobardÃa… estoy harto.
—¿Hablas en serio? —preguntó con voz gutural Larry.