El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —SÃ. Se dirigÃa al Este. Me trató bien, aunque amenazándome. Cuando llegamos al campamento de construcción, abrió su sala de juego. Una noche escape. Anduve toda aquella noche y todo el dÃa siguiente y estaba ya a punto de desfallecer cuando halle este campamento. HabÃa oscurecido y vi sus luces. Me acogieron mistress Dillon y las demás mujeres; fueron muy buenas y afectuosas conmigo. Les hablé muy poco de mÃ. Mi único deseo era ocultarme y que te buscasen a ti. Entonces vino a verme el general Lodge, tu jefe. También fue muy amable, prometiéndome traerte. Ha sido una semana terrible de es pera… Mas ahora…
—Allie —exclamó Neale—. No me dijeron ni una palabra de ti…, ni la menor indicación de tu presencia. Me enviaron a buscar con el pretexto de reanudar mi trabajo. PodÃa haber venido un dÃa antes… cuando me encontró Campbell… ¡Oh!
—Ya sé que no te hallaron al pronto y que hasta ayer no consiguieron encontrarte. Eso me tranquilizo. Un dÃa más o menos, ¿que suponÃa…? Pero… me extraño su forma de hablar de ti hasta que mistress Dillon me dijo que tu jefe habÃa sufrido una gran decepción contigo…, que te necesitaba… y que era preciso que volvieses al trabajo.
—¡Gran Dios! ¡Con lo fácil que les habrÃa sido convencerme diciéndome que estabas aquÃ! —exclamó Neale con impaciente acento.