El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Estamos todos prendados de ella. Se nos presentó una noche en demanda de protección y de usted. No es comunicativa. Lo único que sabemos es que usted le salvo la vida en los cerros y que ha estado prisionera. Aquà se oculta dÃa y noche y no quiere hablar. Pero sabemos que teme a alguien.
—¡Y con sobrados motivos! —replicó Neale refiriendo en breves palabras al general Lodge la historia de Allie Lee tal y como la referÃa ella.
—¡Diantre! —exclamó el jefe—. ¡Me deja usted atónito!… Y ¿qué piensa usted hacer?
—Tenerla aquÃ. De fijo que, ocultándose un poco y entre los soldados, estará segura.
—Naturalmente, aunque no puede nunca predecirse lo que acaecerá… ¡Si pudiésemos enviarla a Omaha!
—¡No, no! —gritó Neale casi violentamente. No podÃa soportar la idea de una nueva separación luego de haber vuelto a hallar a Allie. Además, la sugerencia del jefe le habÃa recordado la posibilidad de la comparecencia del padre de Allie. Y la idea le inspiraba un vago temor.
—Comprendo sus sentimientos. No se preocupe, Neale.
—¿De qué naturaleza es el obstáculo que les detiene, general? —preguntó el joven cambiando de tema.