El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Adelante —concedió Neale—, y no te deseo más sino que quedes harto de tu empleo.
Uno a uno fueron regresando los ingenieros de los diferentes puntos que habÃan ido a examinar, uniéndose al grupo Neale y King.
—Aseguraos de esas cuerdas —ordenó el general Lodge.
La larga cuerda asà formada parecÃa ofrecer todas las garantÃas necesarias de solidez. Cuando King se pasó un extremo bajo los brazos, surgió entre los presentes, como antes con Neale, la cuestión de si era o no preciso bajar al portamira antes que al topógrafo. Henney, que por lo general dirigÃa esta clase de trabajo, opinó que no.
—Opino que bajaré primero —insistió Larry, que, como todos los tejanos de su tipo, era calmoso, imperturbable, sosegado, al parecer indiferente. Empero daba una marcada impresión de nervio latente, de salvajismo y de violencia.
ParecÃa inminente un conflicto cuando el general Lodge se adelantó, dirigiéndose a Neale.
—Larry cree que se romperá la cuerda; por eso quiere ir delante.