El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Lentamente la soltó. Su acción había sido la del hombre desposeído de cuanto amaba, que recuerda en un arrebato de exasperado anhelo, odio y desesperación, todo lo que ha perdido en la vida.
Allie quedo sola.
Miro en torno suyo el aposento que quizá sería su prisión por indefinido período. Techo y paredes estaban formados por secciones ensambladas y en algunos sitios podía ver por sus rendijas. Uno de sus lados daba sobre la pared de una tienda de lona; el otro, a otro aposento; las pequeñas ventanas de cristales, a la lona que formaba otra vivienda. Al apoyar la mano contra cualquier punto de su aposento, Allie advirtió que oscilaba y crujía. Comprendió que aquella vivienda había sido construida en secciones, transportada en tren a Benton y apresurada mente montada.