El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Echo después una ojeada a los diarios. ¡Qué extraño leer noticias de la construcción del U. P.! El nombre del general Lodge hizo temblar a Allie. Había predicho un gran porvenir para Neale. Leyó que el general disponía un tren especial en el que proyectaba un viaje de inspección por todo el recorrido. Leyó que la Pacific Construction Company había cruzado la Sierra Nevada y tenía diez mil chinos trabajando en la vía; y que se acercaba el momento en que el Este y el Oeste podrían darse la manto. Con el corazón sobrecogido busco alguna noticia de Neale, sin hallarla. En uno de los periódicos vio que los sioux demostraban particular actividad entre Medicine Bow y Kearney. Los obreros divisaban a diario bandas indias y, acostumbrándose al peligro, se hacían descuida dos, costando muchas vidas su temeridad. En el extremo occidental de la línea había ocurrido una matanza, donde trabajaban las brigadas de construcción.
Día tras día, los sioux rondaron por allí sin atacar, hasta que los obreros perdieron toda precaución y cautela. Entonces, una brigada distante unos dos kilómetros de las tropas se vio copada por una banda de galopantes guerreros, y antes de que pudiesen dar un grito o empuñar un arma, fueron muertos y despojados de sus cabelleras.
Allie siguió leyendo, devorando noticias. Era evidente que el mundo despertaba a la grandiosidad del magno ferrocarril.