El Caballo de hierro
El Caballo de hierro ¡Qué satisfecho debía de estar Neale! Siempre tuvo fe en la realidad del U. P. Estaba seguramente trabajando en la línea…, tal vez entrando en Benton cada noche. Sus emociones la dominaron al pensar en su proximidad y, por un instante, no pudo seguir leyendo.
Neale no podía creerla aún viva. ¡Y… vivía! Vivía fuerte, palpitante… Se pregunto qué significaba su des aparición para Neale… Había dicho que volver a perderla sería como perder la vida. Se estremeció.
De repente, sus ojos leyeron palabras familiares. ¡Allison Lee!
—¡Allison Lee! —murmuró—. ¡Mi padre!
Y leyó que Allison Lee, comisionado del U. P., contratista de ciertas obras de la línea, abandonaría en breve su residencia de Council Bluffs para entrevistarse con algunos de los directores en Nueva York, en relación con los intereses del ferrocarril.
—¡Si llegan a encontrarse él y Durade! —murmuró.
Y el portento le pareció ser otra nube en el horizonte del tahúr. Su egoísmo, su pasión, su inquietud, le hacían arriesgar más de lo que se figuraba. Le sería imposible tenerla prisionera largo tiempo. Allie volvió a experimentar la creciente certeza de un próximo desenlace.
—Mi mayor peligro es que pudiera dañarme, usar de mí como señuelo o matarme —murmuró.