El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Le explicaba cómo es Benton —contestó Fresno.
—¿Es eso cierto, Allie?
—SÃ.
—Fresno… no me gusta tu actitud.
—Pues… ya sabes lo que te toca hacer —repuso descaradamente Fresno abandonando la estancia.
—Son malas bestias, Allie —dijo Durade—. Has de rehuir su compañÃa cuando yo esté ausente. No puedo llevar el negocio sin ellos y… tengo que aguantar más de lo que parece.
El guardián de Allie entró con su cena y ella le siguió a su aposento. Asà comenzó su existencia de cómplice in voluntaria de Durade en su regresión de simple tahúr a criminal. Pero… acabo por quebrarse su entereza. HabÃa perdido espÃritu, suerte y temple, y Benton y el alcohol estaban acabando hasta con su destreza profesional.