El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Los soldados que habían recibido la orden de seguir a Larry King regresaron confesando haber perdido su rastro, sin hallar tampoco punto alguno por el que se pudiese bajar a la garganta.
Al día siguiente por la mañana, Larry King no había vuelto.
Se enviaron destacamentos de tropa en distintas direcciones para intentar de nuevo la busca de Neale, y los ingenieros prosiguieron el estudio de su problema. No corono el éxito los esfuerzos de unos ni de otros y, al atardecer, cuando rendidos todos se fueron congregando en el campamento, Larry King aún no se había presentado y se le empezó a dar por perdido.
Pero, antes de caer la noche, el cowboy compareció con el trípode y su instrumento al hombro, renqueando, polvoriento y astroso. Aparentemente había sufrido una o más caídas sin serias consecuencias. King no dio a los soldados explicación alguna. Cojeando se llego a la tienda de los técnicos y, dejando su carga, dio una voz. El primero en salir fue Boone y su grito de sorpresa atrajo a Henney, Baxter y los más jóvenes de la brigada. El general Lodge, sentado a cierta distancia junto a su fogata y absorto en los planos, no se dio cuenta de su llegada.