El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Allie puso instintiva confianza en la voz y en el ademán del hombre.
—¡Oh! SÃ… yo… soy… y estoy angustiada… enferma de horror —balbuceó—. Si me atreviese…
—Atrévase —interrumpió él vivamente—. Aprisa. ¿Está usted con ese hombre por su propia voluntad?
—¡Oh, no!
—¿Entonces…?
—¡Oh…! ¿Cree usted… quizá… que yo…?
—Supe que era usted buena, inocente… En cuanto la vi… ¿Quién es usted?
—Allie Lee. Mi padre es Allison Lee.
—¡Ah!
El tahúr silbó entre dientes su sorpresa y, echando una ojeada a la puerta, llamó a Ancliffe. El inglés se levantó.
En el aposento contiguo empezaron a disminuir los ruidos de la contienda.
—Ancliffe, esta muchacha es Allie Lee…, la hija de Allison Lee…, uno de los personajes del U. P… aquà ocurre algo terrible.
Allie se percato del escrutinio del inglés, dubitativo, triste, curioso.
—Debes de estar equivocado, Hough.
Allie sintió un arrebato de emoción. HabÃa llegado su oportunidad.