El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Soy Allie Lee. Mi madre… huyo con Durade a California… él… se valió de ella… para atraer a la clientela a sus garitos… como ahora hace conmigo. Escapamos juntas… con una caravana, hacia el Este… Nos atacaron los indios…, yo me oculté, arrastrándome bajo una roca… escapé a la matanza… y…
—Dejemos por ahora su historia —interrumpió Hough—. El tiempo apremia. La creo… ¿Está usted vigilada?
—¡Oh, sÃ…!, encerrada… No salgo nunca… Me han amenazado de tal modo, que hasta hoy no me he atrevido a hablar con nadie…, pero Durade está loco… y ya no puedo soportar por más tiempo.
—Miss Lee, no lo tendrá que soportar —declaró Ancliffe—. La sacaremos de aquÃ.
—¿Cómo? —preguntó Hough.
Ancliffe se inclinaba al simple procedimiento de salir con ella, pero Hough sacudió la cabeza.
—Escuchen —dijo Allie rápidamente—, en cuanto sepa que intento escapar me matará. Amaba a mi madre. No cree que haya muerto. Vive con la idea de vengarse de ella… Aquà tiene una guardia de forajidos: Fresno, Mull, Stitt, Blanck, Grist Dayss, un mejicano al que llaman Mex y otros, lo peor de lo peor. No podrán sacarme viva si no es con una estratagema.
—¿Y si trajésemos tropa?
—Durade me matarÃa antes.