El Caballo de hierro

El Caballo de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando las sombras crepusculares empezaron a caer, Durade pidió luces. Un cenceño y felino mejicano vino a ejecutar la orden. Llevaba en el cinto un puñal que, con el resto de su atavío, dábale apariencia de bandido. Luego de encender, se acercó a Durade, diciéndole algunas palabras en español. El tahúr contestó con el mismo idioma. El mejicano salió. Uno de los jugadores, que perdía, se apartó de la mesa.

—Señores —dijo—. Si me lo permiten, iré en busca de más dinero con que continuar el juego.

—Ciertamente —dijo Hough. Durade asintió de mala gana.

Prosiguió la partida, acrecentándose su interés. Probablemente, el mejicano había comunicado sus posibilidades o quizá Durade envió aviso. El caso fue que, uno a uno, sus subordinados fueron entrando.

—¿Ha cesado el juego afuera, Durade? —preguntó Hough.

—Hora de cenar; poca concurrencia —explicó Mull.

Hough miró al sujeto con adusta frialdad.

—No me dirigía a usted —dijo.

Durade salió de su abstracción para decir que con una partida grande entre manos no quería correr el riesgo de sufrir interrupciones. Hablaba francamente, pero no parecía sincero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker