El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Pasaron unos momentos. Continuo el juego. Los jugadores hablaban en voz baja. Los espectadores guardaban silencio. Los discordantes ruidos exteriores perturbaban la quietud.
Allie, con los ojos fijos en la puerta, la vio abrirse. Ancliffe entro seguido por varios hombres de mirada vivaz. Pero entre ellos no estaban Neale ni Larry King. El corazón de la muchacha pareció hundirse bajo una losa de plomo. La revulsión de sentimientos, la decepción, fueron horribles. Vio a Ancliffe sacudir la cabeza y adivino que no había logrado hallar a los que más especialmente deseaba Hough. Después experimento la increíble sensación de alegrarse de que Neale no la hubiese visto allí, de que Larry no pudiese poner bajo el fuego de sus revólveres a la chusma de Durade. Acaso fuera posible libertarla sin violencia.