El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Será horrible —murmuró el otro gravemente. Al levantarse para dar las buenas noches a su ayudante, sus facciones recobraron su adustez y el peso invisible pareció volver a caer sobre sus hombros. Tenía una noción exacta del alcance de sus responsabilidades y de la naturaleza de su tarea y presentía la próxima llegada de eventos ignorados aún e indefinidos.
Henney fue la siguiente visita de Neale. El viejo ingeniero parecía excitado, pero de momento lo olvidó todo en su solicitud por el joven.
Luego de tranquilizarse respecto a su estado, dijo sonriendo:
—El jefe le ha ascendido a usted.
—¿Cómo? —exclamó Neale con un respingo.
—De veras. Acaba de conferenciar con Baxter y con migo. Esa última hazaña le ha complacido sobremanera. Y de ahí el ascenso.
—¿Ascenso a que…?
—Psh… Supongo que eso fue lo que quiso consultar nos —replicó Henney—. La verdad es que, de momento, era preciso inventar algo a que ascenderle.
—¡Ah! ¡Comprendo! Me preguntaba yo de que podía tratarse —repuso Neale riendo—. ¿Qué dijo el jefe?
—Muchas cosas. Calculó que le veríamos a usted en la cumbre del U. P. si llega a construirse… Ingeniero en jefe… o superintendente de Vía y Obras.