El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Sintió henchirse su pecho mientras la levantaba en vilo para besarla, cohibida y puerilmente.
—Opino… que ha llegado el fin del mundo…, pero… quizás es que estoy simplemente borracho…
La tenÃa muy cerca… dominándola con su estatura, mirando a su alrededor y a ella, sacudiendo la cabeza, perplejo, mascullando palabras ininteligibles.
—Reddy…, ¿dónde está Neale? —preguntó ella. Larry la soltó y entonces noto el cambio. Su cuerpo pareció envararse, endurecerse y vibrar como por efecto de un golpe.
—¡Dios! —murmuró con ronco acento de horror y de sorpresa—. Es… usted, Allie, aquÃ.
—¡Claro que soy yo! —replicó ella. Larry palideció hasta los labios.
—¿Qué ocurre, por todos los santos…, Reddy? Súbitamente él se abalanzo. Con ruda mano la arrastro bajo la luz, inclinándose sobre ella. Allie, atemorizada, no podÃa substraerse a su fascinación. Sus miradas tenÃan una intensidad, una extraña penetración. Allie no pudo soportarlas.
—Allie…, mÃreme —dijo en voz baja y dura—, porque… opino que tal vez no le quede mucho de vida.
Allie se debatió débilmente, mas no podÃa resistir ni su espÃritu ni su fuerza. Quedo inerte, devolviendo al cowboy su mirada. A los breves instantes cambio totalmente.