El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —No —replicó al punto, aguzada su curiosidad. Las preguntas se agolparon a sus labios, pero el extraño Larry la dominaba.
—¿No ha entrado… nadie aqu�… ¿Fui yo el primero?
—SÃ.
Larry King pareció luchar consigo mismo, con la in fluencia que la bebida ejercÃa aún sobre él, con la sombrÃa opresión del aposentó. Allie se estremeció al ver ablandarse el rostro, iluminado por la sonrisa que tan bien recordaba.
—Bueno…, opino… que estaba efectivamente borracho… —dijo lentamente—. Es… una mala costumbre mÃa, Allie… Me hace pensar… cosas extravagantes… Dejaré la bebida…, palabra de honor…, si me perdona.
Hablaba dulcemente, con la voz velada por la emoción.
—¡Perdonar, Larry!… ¡No hay nada que perdonar!… Como no sea… su tardanza en llevarme a Neale.
Volvió a observar la violenta trepidación. La retuvo un instante más… y después, al soltarla, era el cowboy que ella recordaba, imperturbable, sereno…, indiferente y, sin embargo, amenazador…, cómo aquel dÃa de la aparición de los desconocidos en el valle de Slingerland.